Es claro que no todas las personas somos iguales, ni tenemos los mismos miedos o reaccionamos igual ante las diferentes situaciones que se nos presentan, algunos tienen muy claras posiciones ante sus vidas y saben perfectamente aceptar o no una actividad, tarea o favor.

Personalmente puedo aceptar públicamente que me costaba decir NO, aquellos que sufren de lo mismo entenderán que hay situaciones en las que deseamos decir de corazón que no, pero una y otra vez nuestra bocota dice con una gran sonrisa “¡SI CLARO!” posterior a eso nuestra mente comienza a renegar “¿dije si?”, “es algo que no quiero hacer”, “es algo que no disfruto hacer”, “no tengo tiempo” etc.

Para mí no era claro que ese SI representaba un “no quiero que piensen mal de mí” “no quiero que me rechacen” “me muero de pena del que dirán” “no quiero quedar mal”.

¿Cuantas veces me sucedió?

Muuuchas son incontables, desde niña lo hacía para agradar a los demás, para sentirme aceptada y se volvió algo recurrente, algo que simplemente fluía… era mi piloto automático. Por ejemplo para mi aceptar quedarme hasta tarde en un trabajo significaba que era responsable por lo tanto no podía decir jamás que NO, en mi mente no era una opción porque yo era muy juiciosa y comprometida, por otro lado sentía temor o culpa porque estaba acostumbrada a complacer a las demás personas para agradarlas y en muchas ocasiones era bastante manipulable. Lo terrible de esta situación es aunque me sintiera frustrada e infeliz creía que era lo correcto.

Hasta hace unos pocos años me atreví a confrontarme sobre esta situación, preguntarme cual era el fondo de todo esto porque le temía tanto al NO, y descubrí que para mí era normal poner por encima de mis necesidades y deseos, las necesidades y deseos de los demás lo que palabras más palabras menos se traduce en falta de amor propio.

Pero entonces como haría yo para aprender a decir NO sin sentir que estaba atentando contra los demás?

Lo primero que hice fue aprender a decirme SI a mí misma, SI a mí tranquilidad, SI a mi tiempo libre, SI a mis deseos y SI a mi felicidad de esta manera logre tener claros mis límites  y logre definir que quería en mi vida y que dejaba de lado. Entendí que decirle No a los demás es muestra también de sinceridad y de respeto hacia ellos ya que no nos estamos comprometiendo a cosas que no podemos hacer solo por “quedar bien” y finalmente deje a un lado cualquier rastro de culpa aceptando que no era una persona egoísta, era una persona con Amor propio.

Aprender a decir NO, hace parte de nuestro crecimiento personal, a medida que aprendemos a amarnos, a aceptar nuestro pasado y cambiar nuestra manera de pensar sobre nosotros mismos, estamos dispuestos a tomar nuevas decisiones sobre como deseamos vivir una nuestra fabulosa vida.